Museo de la soledad
Mariano Coronas Cabrero - 28-12-2011 12:53:27 | Categoria: General
“Museo de la soledad”. Carlos Castán. (2011). Zaragoza: Tropo Editores. 217 páginas********************************
“En mi primer paseo de reconocimiento por las calles empedradas de aquel pueblo perdido entre peñascos y robles a la sombra de las cumbres del Pirineo, no había caído en la cuenta de la existencia del pequeño letrero de cartulina, clavado con un par de tachuelas en la puerta de una de las contadas casas que aún seguían en pie, en el que alguien había escrito a rotulador, con vacilante caligrafía,
Así comienza uno de los doce cuentos o narraciones que contiene este inquietante libro de Carlos Castán. Y esa expresión con la que finaliza la cita es la que a la postre da título a este libro de cuentos. De hecho, el cuento referido se titula “El aroma de lo oscuro” y en él, el autor se pregunta qué habría puesto él en el Museo de la Soledad de ser el “fundador” del mismo… La respuesta la obtenemos al terminar la lectura del libro, sin duda.
Confieso haber experimentado, mientras lo he ido leyendo, los más variados sentimientos, sin descartar el estupor, la inquietud, el desasosiego… He disfrutado con la prosa de Castán y con su capacidad para ofrecer desarrollos y finales sorprendentes a sus narraciones. Creo que es un escritor grande, con una prosa sólida y una construcción perfecta de la trama de sus cuentos. ¿Cuánto hay de autobiográfico en ellos?, es una pregunta que te ronda la cabeza a medida que lees “Viaje de regreso”, “Con sangre entra”, “Silencio tan de Silvia”…, por citar algunos. En otros, como “Las rosas de la noche”, “La chica de los buenos tiempos” u “Ola de frío”, ofrece desenlaces que desasosiegan, de una crudeza extrema, que dejan al lector temblando y dolorido.
Aún así, no solo se leen con interés y concentración, sino que apetece volver a leerlos para saborear la trama argumental y, desde luego, la escritura que gasta el aragonés: una prosa perfectamente construida, que fluye a medida que nuestros ojos recorren cada línea tratando de desentrañar el significado de ese inquietante museo que se nos anuncia en la portada del libro. Y, una vez finalizada la lectura, es muy probable que alguna fugaz reflexión o un contumaz pensamiento trate de abrirse paso con la finalidad de ofrecerse, como aportación generosa a alguna de las vitrinas de ese museo construido con los relatos de Carlos Castán.
Mariano Coronas Cabrero
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