1984
“1984”. George Orwell (2011). Barcelona: Austral 368 páginas
El protagonista del libro es Winston Smith. Con él puedes vivir el desasosiego, la esperanza y la derrota, en un mundo imaginado por Orwell cuarenta años antes de la fecha del título…
Si quieres saber qué son algunos conceptos que aparecen en el libro y en qué medida pueden parecernos metáforas del futuro… E incluso, puede parecernos que estamos inmersos en alguno de ellos, tendrás que leer este libro bastante inquietante. Desentrañarás así el significado de expresiones como:
Telepantallas, Semana del Odio, Policía del Pensamiento, Neolengua, Ministerio de la Verdad, Ministerio del Amor, doblepensar, la Hermandad, Casa de la Victoria, Oceanía, Eurasia o Asia Oriental, Departamento de Registro, Partido Interior, Gran Hermano, los Proles, Crimental, Agujero de la memoria, Liga Juvenil Anti-Sex, vaporizar, Departamento de Novela…
Sentirás, sin duda, que EL GRAN HERMANO TE VIGILA…
Y no darás crédito a los slóganes escritos sobre la fachada blanca del Ministerio de la Verdad:
LA GUERRA ES LA PAZ
LA LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD
LA IGNORANCIA ES LA FUERZA
Fernando Galván en el extenso “prólogo-estudio” asegura que la obra interesa a politólogos, historiadores, filósofos, sociólogos y añade: “Naturalmente no significa que 1984 sea una imagen de nuestro mundo actual. Orwell no tenía afanes proféticos en absoluto. Pero lo que sí hizo el autor fue tomar datos de la realidad de los años cuarenta e imaginar un desarrollo futuro de esos datos. Es posible que el lector piense que en algunos aspectos se quedó corto, porquer la realidad ha superado con creces sus imaginaciones más terribles; pero sin duda en otros aún no hemos alcanzado los niveles de desesperación y hundimiento moral de los personajes centrales de la novela”.
Por último, lean, para abrir boca, estos párrafos tomados al azar:
.. “Dentro del piso una voz llena leía una lista de números que tenían algo que ver con la producción de lingotes de hierro. La voz salía de una placa oblonga de metal, una especie de espejo empañado, que formaba parte de de la superficie de la pared situada a la derecha. Winston hizo funcionar su regulador y la voz disminuyó de volumen aunque las palabras seguían distinguiéndose. El instrumento (llamado telepantalla) podía ser amortiguado, pero no había manera de cerrarlo del todo”. (página 66)
.. “Winston dejó caer los brazos de sus costados y volvió a llenar de aire sus pulmones. Su mente se deslizó por el laberíntico mundo del doblepensar. Saber y no saber, hallarse consciente de lo que es realmente verdad mientras se dicen mentiras cuidadosamente elaboradas, sostener simultáneamente dos opiniones sabiendo que son contradictorias y creer sin embargo en ambas: emplear la lógica contra la lógica, repudiar la moralidad mientras se recurre a ella, creer que la democracia es imposible y que el Partido es el guardián de la democracia; olvidar cuanto fuera necesario olvidar y, no obstante, recurrir a ello, volver a traerlo a la memoria en cuanto se necesitara y luego olvidarlo de nuevo…” (Página 99)
.. “En principio, un miembro del Partido no tenía tiempo libre y nunca estaba solo a no ser en la cama. Se suponía que, de no hallarse trabajando, comiendo o durmiendo, estaría participando en algún recreo colectivo. Hacer algo que implicara una inclinación a la soledad, aunque sólo fuera dar un paseo, era siempre un poco peligroso. Había una palabra para ello en neolengua: vidapropia, es decir, individualismo y excentricidad”. (p. 146) “…
.. Seguían en pleno hervor los preparativos para la Semana del Odio y los funcionarios de todos los Ministerios dedicaba a esta tarea horas extraordinarias. Había que organizar los desfiles, manifestaciones, conferencias, exposiciones de figuras de cera, programas cinematográficos y de telepantalla, erigir tribunas, construir efigies, inventar consignas, escribir canciones, extender rumores, falsificar fotografías…” (Página 209)
.. “Winston dejó de leer un momento. A una gran distancia había estallado una bomba. La inefable sensación de estar leyendo el libro prohibido, en una habitación sin telepantalla, seguía llenándolo de satisfacción. La soledad y la seguridad eran sensaciones físicas, mezcladas por el cansancio de su cuerpo, la suavidad de la alfombra, la caricia de la débil brisa que entraba por la ventana… El libro le fascinaba, o más exactamente, lo tranquilizaba. En cierto sentido, no le enseñaba nada nuevo, pero esto era una parte de su encanto. Decía lo que el propio Winston podía haber dicho, si le hubiera sido posible poder ordenar sus propios pensamientos y darles una clara expresión. Este libro era el producto de una mente semejante a la suya, pero mucho más poderosa, más sistemática y libre de temores…” (pp. 258-259)
Mariano Coronas Cabrero