LECTURAS DEL VERANO DE 2009 (II)
En esta ocasión, iniciamos la entrada con dos títulos de Literatura Infantil y Juvenil que, perfectamente, podemos leer los adultos:
El taller de las mariposas - Gioconda Belli - Ilustrador: Wolf Erlbruch - Bárbara Fiore Editora - Lugar de edición: Jerez de la Frontera, 2007
Cuando aún no existía todo lo que hoy forma parte de la Naturaleza había un grupo de artistas que trabajaban como Diseñadores de Todas las Cosas. Unos debían diseñar los animales del Reino Animal y otros las flores, las frutas, las plantas del Reino Vegetal, y estaba completamente prohibido mezclarlos. La Anciana Encargada de la Sabiduría era quien vigilaba para que esta norma se cumpliese. Entre los diseñadores había uno muy joven llamado Odaer que no estaba de acuerdo con esta norma y quería diseñar un ser que fuera una mezcla entre un pájaro y una flor.
La Anciana, para que Odaer no lo hiciese, lo mandó a él y a un grupo de amigos al taller de los insectos que era el menos valorado entre los diseñadores. Allí imaginaron algunos y finalmente Odaer diseñó una mariposa que era lo que él consideraba una mezcla entre un pájaro y una flor.Finalmente presentaron a los demás diseñadores la mariposa que habían hecho y tuvieron que reconocer la belleza de ese insecto. Desde entonces Odaer y sus amigos pudieron seguir trabajando diseñando diferentes tipos de mariposas en su propio taller.
(Mercé Lloret)
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El soldado y la niña - Jordi Sierra i Fabra - Ilustradora: Mabel Piérola - Editorial: Destino - Planeta - Lugar de edición: Barcelona, 2003
El soldado, después de la explosión, se tocaba a sí mismo para cerciorarse de que estaba vivo, miró a su alrededor para hacerse cargo de la situación y, con cuidado, fue asomándose por encima del parapeto de la trinchera. Sonó un disparo y una bala se dirigía hacia él para matarle. La bala se detuvo a unos centímetros de su cabeza y apareció una niña con un ramo de flores en la mano.
Era la muerte que venía a parlamentar con él y a llevárselo, pero antes, lo tomó de la mano y juntos realizaron un recorrido desgarrador, rompiendo las barreras físicas del espacio y del tiempo. Pudo ver la situación de sus compañeros de trinchera, muertos en plena juventud, destrozados, igual que los soldados del contingente enemigo, en la trinchera de enfrente. En ese lugar, pudo contemplar el arrepentimiento y la desazón que le causaba al soldado que había disparado la bala, comprobar que iba a matar a un supuesto enemigo. Pudieron acercarse, hasta el puesto de mando desde el que se dirigía aquella indecente y desgraciada guerra y escuchar, consternado el desprecio que manifestaban los mandos hacia la vida de los soldados, a quienes exigían dar la vida para su propia estúpida gloria. Llegaron también a tiempo para escuchar la opinión que tenía “el poder” sobre la contienda y lo poco que les importaba que murieran más o menos soldados, e incluso todos, con tal de que sus negocios y beneficios estuviesen asegurados…
El soldado sintió puñaladas de dolor al comprobar que todos le habían engañado; todo era mentira: honor, libertad, Dios, patria, el futuro de nuestros hijos, democracia contra el totalitarismo, guerra justa… Todo fueron engaños.
Cuando vuelve al momento real, con la bala a unos centímetros de él, consigue dar un afortunado salto y la bala golpea en una hebilla del correaje… El soldado dedicó el resto de su vida a luchar firmemente por la paz y a sus más de 90 años, en el lecho de muerte, de nuevo le confiesa a la “niña” que ha vuelto a buscarlo definitivamente: “evité algunas guerras, trabajé para la paz, luché contra el poder y la intolerancia y la estupidez y… Aunque no pude estar en todas partes, claro”.
(Mariano Coronas)