RUBAIYAT DE OMAR KHEYYAM
Mariano Coronas Cabrero - 26-12-2007 20:06:30 | Categoria: General
El libro tiene la fecha de compra escrita a bolígrafo: 12 de abril de 1977 (Plaza y Janés, colección “Rotativa”).Omar Kheyyam (cuyo nombre completo es Ghiyathuddin Abulfash Omar ben Ibrahim al Kheyyam) nació en Naishapur (actual Irán) a mediados del siglo XI y falleció en el primer cuarto de siglo siguiente. Consiguió una pensión vitalicia (avalada por la concesión de 1.200 mitkales de oro) que le permitió vivir plácidamente dedicado al estudio de las matemáticas y de la astronomía y al cultivo de la poesía. Dicen los cronistas que su mayor placer era el de conversar y beber con sus amistades al claro de luna, en la terraza de su casa, muellemente tumbado en divanes cubiertos de tapices multicolores, acompañado de cantantes, danzarinas y tañedores de laúd, y servido por una hermosa y gentil doncella que le escanciaba el vino en una copa de oro.
En los momentos más felices de su envidiable existencia, compuso un conjunto de cuartetas, que nos han llegado con el nombre de rubaiyat y que son uno de los más bellos y famosos monumentos de la poesía persa y aun de todo el mundo musulmán.
Leo en el prólogo del libro que, en la Biblioteca de la Universidad de Bagdad se guardan (¿se guardarán todavía, después de tantas bombas y tanta barbarie?) catorce libros manuscritos de los siglos XVI al XVIII, algunos de ellos con primorosas miniaturas, conteniendo rubaiyat de Kheyyam… Y, a continuación, algunos ejemplos:
Me han preguntado muchas veces: “¿Para qué bebes
tanto, Kheyyam? ¿Por qué sigues bebiendo?” Quise
justificarme: el rostro tan bello de mi amada,
la claridad del vino, son la mejor excusa.
Levántate y olvida este efímero mundo.
Alégrate; aprovecha cada instante de gozo.
Si Natura, mujer al fin, fuese constante,
¿no te habría llegado de ser querido el turno?
El tiempo, inexorable, va fluyendo.
¿Qué ha sido de Bagdad y de Balk? Un leve roce
puede matar la rosa. Bebe y al mirar las estrellas
medita en las culturas que se tragó el desierto.
No renuncies al vino mientras sea posible.
¡Cuántas lamentaciones seguirían! La rosa
entreabre su ropaje y canta alegre el pájaro.
¿Crees este momento propicio a la renuncia?
Deja ya tu egoísmo; no temas la pobreza.
No persigas el oro. Y bebe, que una vida
tan llena de pesares hay que pasarla siempre
en un sueño profundo o embriagado de vino.
Soñando cierto día contemplé a un venerable
Anciano que me dijo: “No te des al hermano
de la Muerte. No robes tiempo al placer, y goza.
Has de dormir por una eternidad. ¡Despierta!
Todos aquellos seres que un día se ausentaron,
ahora, jovenzuelo, reposan en el polvo
de su esperanza. Bebe, jovenzuelo, y escucha:
“Todo cuanto dijeron se lo ha llevado el viento”.
¿Quién fue el que a pesar nuestro nos ha traído a este
mundo infeliz? ¿Y quién nos echará del mismo,
mandándonos quién sabe dónde? Bebamos para
que ahoguemos el recuerdo de tal impertinencia.
Reprendía un ulema a una joven hetaira:
“Estás loca. ¿Por qué tienes tantos amantes?”
y ella dijo: “sin duda será tal como afirmas;
mas dime, ¿acaso eres lo mismo que aparentas?”
Que sea nuestro tesoro el vino, y nuestra casa
la taberna, y que sea la embriaguez nuestra amiga.
La inquietud ignoramos, porque nuestros espíritus
nada deben temer del agua, polvo y fuego.
No dudes en beber y en gozar del amor.
Tendrás tarde o temprano que dormir bajo tierra
sin mujeres ni amigos. No digas esto a nadie:
la amapola marchita no florece de nuevo.
¿Hemos de pensar siempre en rezos y en ayunos?
aunque debas un día acabar mendigando
en la taberna embriágate. ¡Oh Kheyyam! Bebe vino,
pues harán con tu polvo copas, cuencos y jarras.
Bueno, aquí os dejo copiadas algunas cuartetas para que veais cómo se las gastaban en el siglo XI. ¡Modernos, que somos unos modernos! Bueno, y que en 2008 disfrutéis de la vida (como pregona Omar) y de las buenas compañías.
Mariano Coronas Cabrero
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