DIARIO DE A BORDO
Mariano Coronas Cabrero - 15-02-2007 14:43:11 | Categoria: General
Diario de a bordoHoy día 14 de febrero, después de una larga y distendida charla sobre el libro Historia de una maestra de Josefina Aldecoa, nuestro capitán Mariano Coronas nos anunciaba su decisión de dejar el mando de esta tripulación a otros osados marineros tras cinco años de ejemplar dedicación. Durante esta ya larga travesía hemos podido disfrutar todos y todas de nuestra navegación lectora y sobre todo hemos recuperado fuerzas (no sólo por el acopio e ingesta de variadas “delicatessen”, sino también por el intercambio de impresiones de nuestras lecturas) en cada una de nuestras escalas que tienen como misión última llevarnos a buen puerto.
En mitad de esta tempestad y con el velero “nosotrasleemos” a la deriva ha surgido la necesidad de improvisar un nuevo capitán, alguien que, con su osadía (entiéndase buena fe) e ilusión por que no dejemos de llegar a buen puerto, pretende dar descanso a quien bien merecido lo tiene y ejemplo a quienes puedan sentir miedo de tomar el timón temporalmente.
Arriamos las velas pues para afrontar dignamente la travesía y por si fuera poca la osadía nos estrenamos con un escritor galardonado con el Premio Nobel (1998) y al que muchos de los marineros de a bordo califican de autor difícil: José Saramago. Esperemos que no cunda el pánico y que nadie salte por la borda.
Nuestra próxima escala está prevista para el día 21 de marzo, día en que oficialmente entra la primavera, a la hora y lugar de siempre. Mariano, por aquello del peso de conciencia inevitable en cualquier acto de abandono, se encargará de la intendencia y esperemos que Sonia tenga mejor fortuna con el tema del termo.
Despido esta carta de a bordo copiando un bello párrafo de En la distancia de Josefina Aldecoa en el que recuerda su infancia:
“En aquel espacio cerrado y silencioso descubrí el gozo de la soledad, la soledad como el mayor de los lujos. Tumbada sobre una manta de colores en el cuarto de las manzanas leía cuentos y novelas de aventuras y, al levantar los ojos del libro, contemplaba a través de la ventana los árboles del río, abajo, y el cielo claro y duro, arriba. Oía el tren que pasaba a espaldas de la casa, a horas fijas. Y mis sueños escapaban con esos trenes. Viajar. Llegar al mar o a la gran ciudad. A Asturias o a Madrid. Después regresaba a la lectura. La gran huida hacia otros mundos” (p. 16)
¡Partamos, pues, poniendo rumbo hacia lo desconocido, a esos maravillosos mundos a los que nuestros autores tengan a bien llevarnos!
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