LITERATURA Y REALIDAD
Mariano Coronas Cabrero - 10-12-2006 21:02:45 | Categoria: General
Uno se va de puente, inocentemente de puente y abre el libro que ha elegido leer y, justo el día diez de diciembre lee algo que lo deja tremendamente impactado. Carlos Fuentes, en su última obra de ficción rescata acontecimientos reales y los intercala entre relato y relato. En este caso, algo que sucedió hace 25 años en El Salvador; pone la narración de los hechos en boca de un niño que fue testigo directo de una masacre brutal (¡hubo tantas en Latinoamérica en aquellos años!)… Un desasosiego profundo invade el ánimo al pensar en la brutalidad continuada de la especie inhumana. Me he acordado de los poemas de Neruda de su Canto General… En Latinoamérica, una y otra vez, los mismos soldados que decían defender su país, volvían los fusiles contra sus ciudadanos y los asesinaban… He estado tecleando un rato este “Coro de la familia asesinada”, en el que no hay ni una coma, ni un punto, sólo perplejidad ante la barbarie:CORO DE LA FAMILIA ASESINADA
Mi padre y mi madre murieron en la masacre de El Mozote el once de diciembre de 1981 como el ejército de la dictadura no lograba vencer a los guerrilleros del Frente Farabundo Martí decidieron matar a los inocentes para espantar a la población mandaron decir que iban a invadirnos pero que no matarían a los que se quedaran en sus casas sólo a los que anduvieran sueltos por las calles y los aledaños a esos los matarían como conejos entonces el batallón Ácatl financiado y entrenado por los USA atacó por sorpresa y exterminó a todos los habitantes de El Mozote hombres mujeres y niños el diez de diciembre los soldados del batallón entraron a El Mozote sacaron a todos de sus casas los juntaron en la plaza central les ordenaron echarse bocabajo patearon a la gente acusándolos de ser guerrilleros les exigieron revelar dónde escondían las armas pero sólo había semilla arado clavo martillo teja después de una hora les ordenaron regresar a sus casas y no mostrar ni las narices nos amontonaron en las casas teníamos hambre sólo oíamos a los del batallón en las calles riendo bebiendo celebrando la victoria entonces al amanecer del once de diciembre nos sacaron de las casas nos juntaron en el llano frente a la iglesia de los Tres Reyes nos tuvieron parados allí horas y horas luego a los hombres y a los muchachos los metieron a la iglesia las mujeres y los cipotes a una casa abandonada éramos como seiscientas gentes a los hombres nos pusieron bocabajo y nos ataron las manos y otra vez a preguntarnos por las armas escondidas y como no sabíamos nada a la mañana siguiente empezaron a matarnos a los hombres en la iglesia nos fueron decapitando con machetes uno tras otro para que viéramos lo que nos aguardaba luego arrastraban los cuerpos y las cabezas a la sacristía una montaña de cabezas mirándose sin verse allí como se cansaron de decapitar a los demás nos fusilaron fuera apoyados contra los ladrillos colorados y bajo las tejas coloradas de la escuela así murieron cientos de hombres a las mujeres las marcharon a Cerro Cruz y a Cerro Chingo y se las cogieron una y otra y otra vez y luego las ahorcaron las apuñalaron les prendieron fuego los niños murieron llorando fuerte los soldados dijeron los cipotes que quedan son muy monos mejor nos los llevamos a casa pero el comandante dijo no o matamos a los niños o nos matan a nosotros los niños gritaron mientras los mataban maten a todos los cabrones mátenlos bien que no chillen más y pronto no se oyeron más gritos mi abuela me escondió entre sus faldas los dos vimos la matanza desde los árboles yo juro que cuando los del batallón Ácatl pasaron los árboles se movieron para protegernos a mi abuela y a mí luego se supo en toda la región que los soldados del ejército regular regresaron a limpiar El Mozote desde las rancherías se olía la carne descompuesta sacaron los cadáveres de la iglesia de los Tres Reyes y los enterraron todos juntos pero seguía oliendo a cadáver dulce los cerdos se paseaban comiéndose los tobillos a los muertos por eso los soldados dijeron no coman a ese cochino que ya comió carne humana nadie recoge las muñecas las barajas las peinetas los brasieres los zapatos regados por todo el pueblo nadie les reza a las vírgenes tiroteadas de la iglesia ni a las cabezas de los santos decapitados en el confesionario queda una calavera y en el muro una inscripción el batallón Ácatl estuvo aquí aquí nos cagamos en los hijos de puta y si no encuentras tus güevos diles que te los mande por correo el batallón Ácatl somos los angelitos del infierno queremos acabar con todos a ver quién nos emula
Yo y yo y yo y yo y yo y yo la mera mara?
Los hijos de los soldados del año ochenta y uno los hijos de los sacrificados del año ochenta y uno nada se pierde en Centroamérica la delgada cintura de un continente todo se hereda todo el rencor pasa de mano en mano
(Páginas 180-183 del libro “Todas las familias felices” de Carlos Fuentes. Madrid: Ed. Alfaguara, 2006)
P.D.: Cuando acabo de escribir esto y lo dejo listo para publicar, me entero de que, ¡por fin! ha muerto aquel dictador chileno (innombrable) del bigotito, capaz de diseñar y aplaudir matanzas como la de El Mozote. Hoy es un buen día, ha desaparecido una vergüenza de la humanidad.
Mariano Coronas
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